Obesidad
El exceso de peso corporal puede aumentar la producción de ácido úrico y disminuir su excreción, elevando significativamente el riesgo de gota. La obesidad está asociada con resistencia a la insulina, lo que puede afectar la capacidad de los riñones para excretar eficientemente el ácido úrico. Además, el tejido graso produce más ácido úrico que el tejido muscular, contribuyendo a niveles generales más altos de ácido úrico en individuos obesos. Se ha demostrado que la pérdida de peso reduce los niveles de ácido úrico y el riesgo de gota. Un metaanálisis publicado en Arthritis Research & Therapy encontró que tener sobrepeso u obesidad se asociaba con un mayor riesgo de gota, aumentando el riesgo a medida que aumentaba el IMC [1]. Otro estudio en el Journal of Rheumatology demostró que la pérdida de peso a través de cirugía bariátrica resultó en una reducción significativa de los ataques de gota [2].
Referencias:
[1] Aune, D., Norat, T., & Vatten, L. J. (2014). Body mass index and the risk of gout: a systematic review and dose-response meta-analysis of prospective studies. European Journal of Nutrition, 53(8), 1591-1601.
[2] Romero-Talamás, H., Daigle, C. R., Aminian, A., Corcelles, R., Brethauer, S. A., & Schauer, P. R. (2014). The effect of bariatric surgery on gout: a comparative study. Surgery for Obesity and Related Diseases, 10(6), 1161-1165.
Pérdida de peso repentina
La pérdida de peso rápida puede aumentar temporalmente los niveles de ácido úrico, potencialmente desencadenando ataques de gota. Cuando el cuerpo descompone las células grasas rápidamente, libera purinas, que luego se metabolizan en ácido úrico. Este aumento repentino de ácido úrico puede abrumar la capacidad de los riñones para excretarlo eficientemente, llevando a niveles elevados de ácido úrico en la sangre. Además, las dietas extremas o el ayuno pueden conducir a cetosis, que puede competir con el ácido úrico por la excreción en los riñones. Aunque la pérdida de peso es generalmente beneficiosa para el manejo de la gota a largo plazo, es importante perder peso gradualmente para minimizar el riesgo de desencadenar ataques. Un estudio publicado en Arthritis & Rheumatology encontró que la pérdida de peso rápida aumentó el riesgo de ataques recurrentes de gota, incluso en individuos que no tenían sobrepeso [1].
Referencias:
[1] Nguyen, U. D., Zhang, Y., Louie-Gao, Q., Niu, J., Felson, D. T., LaValley, M. P., & Choi, H. K. (2017). Obesity paradox in recurrent attacks of gout in observational studies: clarification and remedy. Arthritis & Rheumatology, 69(3), 561-565.
Cambios extremos de temperatura
Los cambios repentinos en la temperatura pueden desencadenar ataques de gota, aunque los mecanismos exactos no se comprenden completamente. Las temperaturas frías pueden aumentar la cristalización de ácido úrico en las articulaciones, ya que el ácido úrico es menos soluble en ambientes más fríos. Esto podría explicar por qué algunas personas experimentan ataques de gota con más frecuencia en estaciones frías o cuando están expuestas a temperaturas bajas. Por el contrario, la deshidratación asociada con el clima caluroso también podría contribuir a los ataques de gota al concentrar el ácido úrico en la sangre. Además, las temperaturas extremas pueden llevar a cambios en el comportamiento, como disminución de la actividad física o dieta alterada, que pueden afectar indirectamente el riesgo de gota. Un estudio publicado en el American Journal of Epidemiology encontró una correlación entre los cambios de temperatura y la incidencia de ataques de gota, con un mayor riesgo observado durante los meses más fríos [1]. Otro estudio en BMC Musculoskeletal Disorders sugirió que tanto las temperaturas extremas de calor como de frío se asociaron con un mayor riesgo de brotes de gota [2]. Aunque se necesita más investigación para comprender completamente esta relación, las personas con gota deben ser conscientes de los posibles desencadenantes relacionados con la temperatura.
Referencias:
[1] Neogi, T., Chen, C., Niu, J., Chaisson, C., Hunter, D. J., Choi, H., & Zhang, Y. (2014). Relation of temperature and humidity to the risk of recurrent gout attacks. American Journal of Epidemiology, 180(4), 372-377.
[2] Elliot, A. J., Cross, K. W., & Fleming, D. M. (2007). Seasonality and trends in the incidence and prevalence of gout in England and Wales 1994-2007. Annals of the Rheumatic Diseases, 68(11), 1728-1733.